Kenneth Hagin: El hombre que caminó en los nueve dones del Espíritu.

 Kenneth Hagin: El hombre que caminó en los nueve dones del Espíritu.

En una pequeña ciudad de Texas, en 1917, nació un niño débil y enfermizo llamado Kenneth Erwin Hagin. Los médicos le dieron pocas horas de vida. Su corazón estaba deformado, y su sangre era tan débil que su propio cuerpo no podía sostenerlo. A los dieciséis años, el joven Hagin yacía en cama, paralizado, sin esperanza. Los doctores ya no podían hacer más.

Pero allí, en una habitación humilde, Dios empezó a escribir la historia de un hombre de fuego.

La muerte que dio nacimiento a un ministerio

Una mañana de agosto de 1933, Kenneth sintió que su corazón se detuvo. Cayó en un abismo oscuro y descendió hacia el infierno. Escuchó gritos, sintió calor ardiente, y un temor indescriptible lo envolvió. Justo antes de cruzar completamente esa frontera eterna, una voz tronó desde lo alto:
“¡Detente! ¡No ha terminado su tiempo!”
Y una fuerza lo devolvió a su cuerpo.

Eso ocurrió tres veces. Tres veces su alma descendió al infierno y fue devuelta por la mano de Dios. En la tercera ocasión, clamó con todas sus fuerzas:
“¡Jesús, ten misericordia de mí!”
Y allí, en esa cama, nació de nuevo.
Sintió como si una luz lo envolviera, como si una paz eterna llenara cada célula de su cuerpo. Había pasado de muerte a vida, literalmente.

Pero su cuerpo seguía paralizado. Los médicos decían que jamás caminaría. Sin embargo, Hagin comenzó a leer la Biblia día y noche. Llegó al Evangelio según Marcos 11:23-24:

“Todo lo que pidáis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

De pronto, esas palabras saltaron del papel y ardieron en su corazón. No eran solo tinta: eran vida. Creyó.
Y una mañana, con el poder de esa fe, movió una pierna… luego otra… y se levantó de la cama.
Los músculos atrofiados cobraron fuerza, y el joven que había estado condenado a muerte empezó a caminar, a correr, y a predicar.

Así nació un ministerio que marcaría generaciones.


El despertar de los dones del Espíritu

Kenneth Hagin no solo fue sanado… fue encendido. Desde su juventud comenzó a sentir manifestaciones sobrenaturales: visiones, palabras proféticas, discernimiento de espíritus y una comunión constante con el Espíritu Santo.
Durante más de 70 años de ministerio, Hagin caminó en una relación tan íntima con Dios que muchos decían:

“Él no solo conocía la Palabra, sino al Autor de la Palabra.”

En sus reuniones, los nueve dones del Espíritu Santo fluían con una libertad asombrosa:

  1. Palabra de sabiduría: Hagin recibía revelaciones sobre el futuro de naciones, ministerios y personas específicas.
  2. Palabra de conocimiento: Sabía cosas imposibles de saber por medios humanos.
  3. Discernimiento de espíritus: Veía claramente cuando un espíritu maligno estaba operando, y con autoridad lo reprendía.
  4. Fe especial: Creía por milagros imposibles; veía enfermos terminales levantarse.
  5. Dones de sanidades: Miles testificaron de curaciones instantáneas, desde cáncer hasta parálisis.
  6. Milagros: En varias ocasiones, tormentas se detuvieron por su oración.
  7. Profecía: Sus mensajes proféticos se cumplieron con precisión, incluso años después de su muerte.
  8. Diversos géneros de lenguas.
  9. Interpretación de lenguas.

Un pastor que lo conoció dijo una vez:

“Cuando Hagin ministraba, el aire cambiaba. Uno podía sentir literalmente la atmósfera del cielo descender sobre la tierra.”


El hombre que enseñó a creer

Más allá de los milagros, Kenneth Hagin fue llamado “el padre del movimiento de fe”. No porque predicara optimismo, sino porque enseñaba cómo creer de verdad.

Él decía:

“La fe no dice lo que ve; dice lo que cree. Y luego ve lo que dijo.”

Sus enseñanzas sobre la confesión de la Palabra, la autoridad del creyente y la vida guiada por el Espíritu transformaron millones de vidas en todo el mundo.
Fundó en 1974 el Rhema Bible Training College, una escuela para levantar hombres y mujeres que vivan en el poder del Espíritu. Hoy existen más de 200 escuelas Rhema en todo el mundo, incluyendo América Latina.


Visiones del cielo y del infierno

Kenneth Hagin contó que, a lo largo de su vida, tuvo ocho visiones de Jesús. En una de ellas, el Señor le dijo:

“Te he dado la autoridad sobre demonios y enfermedades. Usa mi nombre. No ores pidiéndome que lo haga; ¡tú hazlo en mi nombre!”

Desde entonces, su ministerio se volvió un campo de entrenamiento en la autoridad del creyente. Enseñaba que cada cristiano lleno del Espíritu podía ejercer dominio sobre las tinieblas porque Cristo vive en ellos.

También relató experiencias espirituales tan intensas que marcaban a los oyentes. En una ocasión, durante una campaña, una nube blanca descendió sobre el auditorio. Nadie podía ver el fondo del templo.
Los presentes oían risas, llantos, y oraciones simultáneas. Era la gloria de Dios manifestándose visiblemente.


💧 El fruto de un corazón sencillo

Pese a su autoridad y fama, Hagin siempre fue un hombre humilde. Decía:

“No soy más que un niño en las manos del Espíritu. Si Él no se mueve, yo no me muevo.”

Amaba pasar tiempo en oración, no por obligación, sino por comunión.
Cada día, antes de predicar, oraba así:

“Señor, enséñame a ser sensible a tu Espíritu. No quiero hablar una palabra que tú no hables primero.”

Su vida se resumía en una frase:
“Yo sigo al Espíritu, no a la multitud.”


🔥 Un legado de fuego que no se apaga

Kenneth E. Hagin partió con el Señor el 19 de septiembre de 2003.
Esa mañana, tomó el desayuno con su esposa Oretha, levantó las manos y comenzó a alabar al Señor en lenguas. En cuestión de minutos, cerró los ojos y se fue en paz.
Había terminado la carrera, había guardado la fe.

Su partida no apagó el fuego.
Hasta hoy, miles de ministros, evangelistas y pastores fueron entrenados bajo su influencia. Sus libros —como La autoridad del creyenteCómo ser guiado por el Espíritu de Dios y El nombre de Jesús— siguen encendiendo corazones.


⚔️ Lecciones de un hombre de fuego

De Kenneth Hagin aprendemos tres verdades que cada creyente encendido debe grabar en su espíritu:

  1. La fe no depende de sentimientos, sino de la Palabra.
    Aunque el cuerpo esté débil o el entorno parezca imposible, la fe ve más allá.
    “Porque andamos por fe, no por vista.” (2 Corintios 5:7)

  2. El Espíritu Santo no solo quiere habitar, sino manifestarse.
    Los nueve dones no son para unos pocos escogidos, sino para todo aquel que se dispone.
    “A cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” (1 Corintios 12:7)

  3. La oración no cambia a Dios; nos cambia a nosotros para alinearnos con Él.
    Hagin oraba hasta sentir que su espíritu se sincronizaba con el Espíritu de Dios.
    Entonces hablaba, y lo sobrenatural ocurría.


🔥 Palabras que aún arden

En una de sus últimas predicaciones, Hagin dijo con lágrimas:

“El Espíritu Santo está buscando otra generación que no tenga miedo de creerle a Dios por cosas imposibles.
Si tú te atreves a creer, Él se atreverá a actuar.”

Y esas palabras siguen siendo un desafío para nosotros hoy.
Dios no cambió. Su Espíritu sigue buscando hombres y mujeres que se atrevan a creer, hablar y vivir por fe.


🙌 Conclusión: El fuego sigue encendido

Kenneth Hagin fue un instrumento del Espíritu Santo, un canal por donde fluyeron los nueve dones con poder y pureza.
Pero más que eso, fue un hombre que nos enseñó que cada creyente puede vivir en ese mismo nivel de comunión.

Él no era diferente. Solo creyó lo que Dios dijo… y actuó como si fuera verdad.
Y lo fue.
Hoy su vida nos recuerda que los dones del Espíritu no son un mito antiguo, sino una realidad para los que se rinden totalmente al fuego de Dios.


🔥 “Encendidos por el Espíritu” no es solo un título… es una llamada.
Así como Hagin se levantó de una cama de muerte por la fe en una sola palabra, tú también puedes levantarte hoy.
Porque el mismo Espíritu que lo encendió vive en ti.

“Y estas señales seguirán a los que creen...” (Marcos 16:17)


Bendiciones 

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